jueves, 29 de octubre de 2015

Jueves

Ya es jueves, se acerca el final de la semana, y debo decir que ha sido un jueves jodido.
Tuve una buena semana hasta el jueves... Jueves de pesadilla, jueves incómodo, jueves dolido, jueves insoportable. Qué terrible jueves.

Como todo lo que me hace sufrir, no es lo que pasó en el jueves lo malo, si no como me siento respecto a eso. Qué mal jueves. Suponiendo que me debo a mí misma una explicación, no tengo más que decir que me sentí mal a causa de una profe. (Aaah, la escuela, terror adolescente)
Tuvimos que mover el escritorio para poder poner un arbolito, y ahora quedaba justo frente a mí y cómo me encanta ese arbolito de pacotilla causante de tantos líos.

Al mover el escritorio, tuvimos que re-organizar unas sillas y mover a algunos estudiantes, (Mi curso tiene 43 estudiantes, y no es de tan buena calidad como para que todos tengamos lo que necesitamos, académicamente) eso estaba bien, pero... Cómo temo que me muevan hacia atrás.

 Odio la parte de atrás, (no oigo bien) no se oye nada, (no veo bien) no se ve nada y (tengo un déficit de atención) no se entiende nada desde la parte de atrás; cosas que no saben los causantes del ajetreo.

La presidenta de mi curso (A.K.A. una de las niñas lindas, en el buen sentido) dijo de repente "¡Yo quiero sentarme allá!"... Y, con mi condenada suerte, donde más si no delante de mí... Aay, amiga, aay, compañera, por qué, por qué, por qué... Mi reina del drama interior tenía que ofrecer un buen espectáculo y me encontré haciendo rabieta en público diciendo "Noo... No quieero... Nooo... Atrás noo..." con lo cual, la querida maestra se enojó.

Oí  alguien murmurar "...si se quiere sentar aquí, se puede sentar atrás..." y mi pequeño corazón, lleno de ira, me impulsó a decir, mientras me levantaba para arrastrar mi silla hacia el abismo infernal: "EL QUE SE QUIERE SENTAR AQUÍ SE PUEDE SENTAR ATRÁS"; con un característico ademán de desdén digno de mi persona.

 La presidenta dijo "No, está bien, mejor me quedo aquí" y esa fue la gota que colmó el vaso.
-¡Usted no puede dejar que la traten así!-dijo la querida maestra- Tiene que luchar por lo que quiere en la vida, y no lo digo porque usted sea cristiana o porque yo sea cristiana. Porque a veces en la vida...! Etc, etc, e.t.c...

En el momento en que el discurso empezó, mi alma abandonó mi cuerpo para hacer penitencia en los ardientes suelos envueltos en llamas debido a mis acciones. Todo se puso borroso, y se activó mi modo automático.

El tiempo, que no espera a nadie, siguió su curso. El día continuó. Llegó la hora de receso, estudié para mi presentación de química, hablé con mi amiga sobre gusanos infecciosos, me puse en buenos términos con la presidenta, todo transcurrió normalmente.

Pero ahora, a las 12:56 AM, me siento miserable, cansada, abatida, totalmente apaleada por este tremendo jueves.

Para concluir, pensé en este consejo: Sé como el agua.
Sigue la corriente, cambia cada vez que sea necesario, entra en donde quepas, vuélvete duro como piedra o ligero como el aire según las circunstancias, y tal vez así puedes evitar ser consumido por un ácido jueves.